15 de diciembre de 2011

Decidí que nadie es tan bueno ni tan malo como para ser imborrable. Todo se olvida, todo deja de doler; las sensaciones siempre renuncian. Todo instruye, todo deja una lección; la traición siempre enseña... Decidí que no hay tiempo para sentirme mal. El tiempo es corto. Las horas se deslizan. Los días nunca retornan. Decidí celebrar la vida sin detenerme en motivos. El corazón late y es suficiente*